Del SOP al SOMP: Mucho más que un cambio semántico
El 12 de mayo de 2026 ocurrió algo que llevaba décadas gestándose en consultas, laboratorios y despachos de todo el mundo. Una coalición de 56 organizaciones académicas, clínicas y de pacientes publicó en The Lancet el consenso que da nombre nuevo a una de las condiciones hormonales más frecuentes en mujeres en edad reproductiva: el Síndrome de Ovario Poliquístico (SOP) pasa a llamarse Síndrome Ovárico Metabólico Poliendocrino (SOMP) o PMOS, por sus siglas en inglés.Una letra de diferencia en el acrónimo. Catorce años de trabajo detrás
El problema con el nombre antiguo
Para entender por qué importa el cambio, hay que conocer primero por qué el nombre anterior fallaba.
Cuando a una mujer se le diagnostica “síndrome de ovario poliquístico”, lo primero que casi siempre se pregunta es: ¿tengo quistes? La respuesta médica correcta es, en la mayoría de los casos, que no. Lo que muestra la ecografía son folículos pequeños que han dejado de madurar, no quistes patológicos en el sentido clínico del término. Sin embargo, el nombre llevaba décadas sembrando confusión, angustia innecesaria y, lo que es más grave, decisiones clínicas fragmentadas.
El problema no era solo terminológico. Sino funcional. El término SOP reducía una condición sistémica compleja a un problema localizado en los ovarios, dejando en segundo plano algo que la investigación lleva años confirmando: que la raíz de muchos de sus síntomas no es ovárica, sino metabólica y endocrina. Esto se ha traducido, según los propios autores del consenso publicado en The Lancet, en retrasos diagnósticos que afectan a hasta el 70% de las personas con la condición, atención fragmentada entre especialidades y un estigma sostenido, especialmente en contextos donde la fertilidad tiene un peso social elevado.
Un proceso sin precedentes
El cambio no ha llegado de la noche a la mañana. El primer llamamiento formal para reconsiderar el nombre se produjo en 2012, en un taller de expertos del National Institutes of Health (NIH) de EE.UU. Lo que vino después fue un proceso de consenso internacional de una escala difícilmente comparable en la historia de la medicina.
Liderado por la profesora Helena Teede, directora del Monash Centre for Health Research and Implementation y endocrinóloga de referencia mundial en esta condición, el proceso reunió respuestas de más de 14.000 profesionales de la salud y pacientes de todas las regiones del mundo, utilizando metodología Delphi, grupos nominales y análisis de implementación. El resultado fue el consenso de 56 organizaciones -entre ellas la American Society for Reproductive Medicine (ASRM) y la Endocrine Society- publicado en The Lancet el pasado 12 de mayo y presentado en el Congreso Europeo de Endocrinología en Praga el mismo día.
El acuerdo fue casi unánime. Y también fue deliberado: se priorizó, según los propios autores, la precisión científica sobre mantener el acrónimo previo o adoptar un nombre genérico sin contenido.
Qué significa exactamente SOMP
El nuevo nombre no es casual. Cada término fue elegido para reflejar un componente real de la condición:
- Ovárico: los ovarios siguen siendo relevantes. Las alteraciones en el desarrollo folicular, la disfunción ovulatoria y su impacto en los ciclos menstruales y en la fertilidad son rasgos centrales del cuadro. La condición no deja de afectar a los ovarios; simplemente, no se explica solo por ellos.
- Metabólico: aquí reside uno de los avances conceptuales más importantes. La resistencia a la insulina está presente en la mayoría de las pacientes con SOMP, incluso en aquellas que no presentan obesidad. Esta alteración explica la tendencia al aumento de peso, la dificultad para regularlo, la fatiga y el riesgo aumentado de desarrollar diabetes tipo 2, dislipemia, hipertensión y enfermedad cardiovascular a largo plazo. El componente metabólico no es una consecuencia secundaria: es una pieza central del mecanismo.
- Poliendocrino: no estamos ante la desregulación de una sola hormona, sino ante un desequilibrio en cadena que involucra a la insulina, a los andrógenos (en exceso) y a las vías neuroendocrinas. De ahí el acné, el hirsutismo, la alopecia androgénica, las menstruaciones irregulares o ausentes. El prefijo poli refleja que la afección es, en su raíz, un desorden de múltiples ejes hormonales interactuando entre sí.
Lo que cambia para las pacientes (y lo que no)
Una aclaración necesaria: el SOMP no es una enfermedad nueva. Quien tenía un diagnóstico de SOP no tiene ahora una condición distinta. Tampoco cambian, por el momento, los criterios diagnósticos establecidos por los Criterios de Rotterdam, que siguen exigiendo al menos dos de tres: disfunción ovulatoria, hiperandrogenismo y morfología ovárica característica en ecografía.
Lo que cambia, y no es poca cosa, es el marco desde el que se entiende y se aborda la condición. Un nombre más preciso debería traducirse en:
- Diagnósticos más tempranos. Si el foco se amplía más allá de la imagen ecográfica, mujeres sin la morfología ovárica característica pero con resistencia a la insulina e hiperandrogenismo podrían ser diagnosticadas antes de llegar a la consulta de fertilidad.
- Atención más integrada. La separación histórica entre el ginecólogo que trata la menstruación, el dermatólogo que trata el acné y la paciente que intenta perder peso sola es el resultado de fragmentar una condición sistémica en sus síntomas. El SOMP pone nombre a esa integración necesaria.
- Tratamientos orientados a la causa. El enfoque tradicional de prescribir anticonceptivos hormonales para regularizar el ciclo sin atender la resistencia a la insulina subyacente es exactamente lo que el nuevo marco conceptual cuestiona. No como dogma, sino como punto de partida.
Lo que la nueva nomenclatura no resuelve
Reconocer el avance no obliga a idealizarlo. El proceso de consenso también generó debate y alguna insatisfacción que merece ser nombrada.
El punto más debatido fue si mantener la referencia a “ovárico” en el nombre. Algunas investigaciones incipientes apuntan a que podrían existir formas masculinas del síndrome (con resistencia a la insulina e hiperandrogenismo en hombres) y hay quienes consideran que retener el término “ovárico” cierra esa puerta antes de que la investigación tenga tiempo de abrirla. Los defensores de la decisión adoptada argumentaron, con razón, que esperar a tener certeza sobre ese extremo habría retrasado aún más un cambio ya de por sí urgente.
También se señaló que la participación de países de renta baja y media fue inferior a la de los países con mayor capacidad científica instalada, lo que puede introducir sesgos en las preferencias recogidas. Los autores del consenso lo reconocen explícitamente como una limitación.
Son matices importantes, pero no razones para relativizar el avance.
Una oportunidad para la especialidad
En España, donde el SOP/SOMP afecta a entre el 6,5 y el 13% de las mujeres en edad reproductiva según las estimaciones disponibles (lo que la convierte en la endocrinopatía más frecuente en esta franja de edad), el cambio de nomenclatura llega en un momento de notable dinamismo para la reproducción asistida.
La Dra. Elisa Gil Arribas, presidenta de la SEF, no duda en calificar el consenso de hito: "Es un paso que la comunidad científica llevaba décadas necesitando. El nombre condicionaba la mirada clínica, y cambiar esa mirada tiene consecuencias reales para las pacientes".
Para las especialidades que confluyen en el cuidado de estas mujeres -ginecología, endocrinología, nutrición, psicología reproductiva, embriología-, el SOMP ofrece un lenguaje común y un marco conceptual compartido que la fragmentación histórica había dificultado.
Desde la SEF, el cambio se ve como una oportunidad para reforzar precisamente esa coordinación: "Desde la SEF vamos a trabajar para que este nuevo enfoque se traduzca en protocolos más integrales y en una formación que vaya más allá de la mirada exclusivamente reproductiva".
El nombre importa porque organiza el pensamiento clínico, orienta la investigación y, en última instancia, determina la conversación que se tiene con la paciente desde el primer día. Que la condición que afecta a una de cada ocho mujeres en el mundo se llame ahora por lo que realmente es no es un detalle administrativo. Es el primer paso para tratarla como merece.
